¿No es cierto que se pierde un cierto tipo de frescura cuando se tiene la sensación de dominar algo? Se puede dominar una técnica, unos determinados conocimientos, de muchas formas. ¿Qué es lo que pasa cuando se domina desde el miedo? ¿Qué es lo que ocurre cuando el afán de mejorar, en la faceta que sea, surge de la necesidad de seguridad? Se pierde de vista el mundo, se cierran las ventanas: no se está abierto al cambio y a la vida, sino que se tiende a fosilizar la novedad para que altere lo menos posible el orden erigido en medio de la hostilidad.
¿Qué significaría ser un eterno principiante? Aceptar con humildad y de manera positiva los límites de la vida, que somos seres más bien efímeros y que la perfección, nada más que una sopa sosa, es cosa de dioses. Significaría también dejarse influir por los acontecimientos, aprender a bailar con ellos. Y quizás el más destacable de todos los cambios sería recuperar la sonrisa despreocupada de quien disfruta por el mero hecho de respirar.
¿Qué significaría ser un eterno principiante? Aceptar con humildad y de manera positiva los límites de la vida, que somos seres más bien efímeros y que la perfección, nada más que una sopa sosa, es cosa de dioses. Significaría también dejarse influir por los acontecimientos, aprender a bailar con ellos. Y quizás el más destacable de todos los cambios sería recuperar la sonrisa despreocupada de quien disfruta por el mero hecho de respirar.