lunes, 23 de marzo de 2009

¿Cómo queremos construirnos?


"La realidad, pues, se ofrece en perspectivas individuales. Lo que para uno está en último plano, se halla para otro en primer término. El paisaje ordena sus tamaños y sus distancias de acuerdo con nuestra retina, y nuestro corazón reparte los acentos. La perspectiva visual y la intelectual se complican con la perspectiva de la valoración. En vez de disputar, integremos nuestras visiones en generosa colaboración espiritual, y como las riberas independientes se agrupan en la gruesa vena del río, compongamos el torrente de lo real" (Ortega, 1916).

Seré algo dogmático para comenzar. El hombre vive sumergido en un universo de sentido. Bien sea el de la tradición heredada, la religión imperante o cualquier otro, sus acciones se insertan dentro de un marco superior, incluso cuando sólo son el resultado del más puro egoísmo. Nuestra época, por su parte, asiste perpleja a un torbellino constante de cambio sin precedentes a todos los niveles y busca sin cesar referentes desde los que poder interpretarse: se ve necesitada de nuevos sentidos que guíen en situaciones no previstas por los valores anteriores. Es precisamente este fenómeno el que nos da testimonio de un hecho insoslayable: es el hombre quien construye sentido para poder orientarse en el mundo y actuar.

La búsqueda de sentido es lo dado, pero no el sentido mismo. Para sentir el sentido mismo como lo dado hace falta haber sido adoctrinado, es decir, haber renunciado a la distancia sobre uno mismo y erigir la propia perspectiva en verdad absoluta. Constatar que vivimos con el sentido roto, que tenemos que buscarlo, o mejor dicho crearlo, es aceptar que somos libres de construirnos a partir de los materiales que están a nuestro alcance, construirnos tanto a nosotros mismos como a la sociedad en la que vivimos.

Nos han tocado unas determinadas cartas en este juego y las posibilidades de jugar con ellas son muchas. ¿Cómo queremos construirnos?

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