domingo, 1 de marzo de 2009

Mentalidad de principiante


Hablábamos en el último post de la figura del experto y considerábamos al principiante como su antagonista. Ambos son sencillamente figuras: son modelos, no tienen por qué existir de hecho personas que los encarnen en su totalidad. Sin embargo de la coherente divergencia entre los dos podemos aprender algo. ¿En qué se diferencian exactamente el uno del otro? Parece que las diferencias incumben a su motivación, a la manera de acercarse a su objeto, a su forma de reaccionar ante otros sujetos y a lo que en general esperan de sus acciones.

¿Qué les motiva? La figura del experto que nos interesa caracterizar es aquella que se mueve a partir del miedo y de la necesidad de seguridad; el principiante, por el contrario, se ve movido por el juego, el objeto le seduce provocando su interés.

¿Cuál es el modus operandi de cada uno? ¿De qué manera se acercan a su objeto? Podríamos decir que el experto:
  • Clasifica y ordena, buscando la forma de tenerlo todo bajo control.
  • Ve en los detalles un peligro que hay que subordinar al todo, intentando que desestabilicen lo menos posible.
  • El azar y las sorpresas son, por tanto, un elemento desagradable.
  • Sigue caminos, busca establecer un método fijo.
  • El tiempo y la necesidad de eficiencia le constriñen.
  • Su propia subjetividad es en todo momento muy importante, ya que basa la imagen de sí mismo en su grado de dominio.
  • La victoria es fundamental.
  • La memoria y los esquemas conceptuales son sus principales armas cognitivas.

¿En qué se diferencia en este aspecto el principiante?
  • Combina más, jugando con las posibilidades, y clasifica menos.
  • Los detalles no son un peligro sino quizás el mayor aliciente.
  • El azar y las sorpresas son elementos con los que bailar.
  • No tiene miedo de crear nuevos caminos y de olvidar los ya creados.
  • La conciencia del tiempo desaparece.
  • El principiante se olvida de sí mismo cuando está sumergido en el objeto de su deleite.
  • Ganar o perder es irrelevante.
  • Usa incesantemente su imaginación.

¿Cómo reaccionan ante la presencia de otros sujetos? Para el experto, el grado de dominio que ostenten las personas de su alrededor es importante y puede reaccionar de diversas formas. Los otros pueden ser desde una amenaza hasta objetos de control. El principiante, sin embargo, no se ve influido de la misma forma: al no estar basada la imagen de sí mismo en su grado de dominio, puede aprender o no de los otros, pero su subjetividad no se ve cuestionada, puesto que no juega ningún papel significativo en su proceder.

Y por último, ¿qué esperan ambos conseguir? Mientras que el experto aspira al dominio y el control, el principiante no espera conseguir nada.

Esta contraposición no es, ni mucho menos, algo novedoso: tablas semejantes se pueden encontrar en todos aquellos movimientos, filosóficos o no, que busquen el reivindicar la vida en sus dimensiones lúdica y creativa. Lo que nos interesa ahora es, más bien, reconocer en esas dos figuras patrones de conducta de nuestro día a día que nos puedan volver individuos tristes y desgraciados.

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