martes, 28 de julio de 2009

¡Manos a la obra!


¡Hora por fin de romper el silencio de este blog! Ya sabemos que es un trastero y que no tenemos la necesidad de actualizarlo pero, con todo, nutrirlo de vez en cuando no está mal.

Y es que hoy hay algo que contar. Un mensaje que realmente todos experimentamos a la vuelta de vacaciones o a comienzos de año, tan sencillo como lo siguiente: nuestro destino está en nuestras manos, podemos moldear el mundo que nos rodea hasta un cierto punto. La inercia del día a día nos somete a un letargo inexplicable, nos convierte en zombis con vidas programadas por las circunstancias en vez de vidas autodirigidas y conscientes.

Quizás para no perder de vista esta gran verdad sería útil introducir algún tipo de ritual en nuestra vida que nos la recuerde por lo menos una vez el día. Os propongo mirarse las manos por la mañana en la cama y preguntarse a uno mismo "¿Qué quiero hacer hoy con estas manos?".


domingo, 3 de mayo de 2009

Dormir


Duele comprender tan bien a Tomás. El amor para él pertenecía al reino de la necesidad, al reino de lo que tiene que ser y no puede ser de otra forma, mientras que el sexo y el deseo eran meros hijos de la levedad. Tomás se olvidaba fácilmente del nombre e incluso del rostro de sus amantes; pero sin embargo sólo podía compartir el sueño con Teresa. Dormir juntos era para él la prueba del amor. Y ese puesto era de una única propietaria.

sábado, 2 de mayo de 2009

La insoportable levedad del ser


Algo leve, algo fugaz, algo que sólo ocurre una vez para dejar a continuación de existir, es algo que no pesa, que se aleja volando en brazos del primer viento. La poesía hace de la estrella fugaz en el cielo nocturno y de la mariposa que sólo vive un día algo bello. Pero, ¿somos capaces de aceptar dicha imagen como símboolo de nuestras vidas con todo lo que conlleva? Una vida sobre ese escenario de fugacidad y azar comienza a desvanecerse en el mismo instante en que se presenta: no vale, no cuenta, es una libertad infinita de pies ligeros.

Imaginemos que esa misma vida, en lugar de desvanecerse, se repitiera una y mil veces exactamente de la manera en que ha sido vivida. Cada acto, cada pequeño gesto, dejaría una huella indeleble, inmortal. La levedad se ha trasmutado en peso: un peso soberano ante el que todo latido se arrodilla. El sentido de las acciones no da lugar a espacios vacío, ya que el peso determina que el ser no pueda ser de otra forma que como es, la casualidad esté excluida y nuestra vida tenga por nombre destino. Una dictadura del sentido que, pese a asfixiar, se sabe con la vitalidad indestructible de la necesidad.

¿Y nosotros desde dónde vivimos? ¿Desde la levedad o desde el peso? ¿Vemos la vida desde la ligereza de lo efímero o desde la crudeza de lo inevitable? Nos detendremos en algunas figuras de este delicioso libro de Milan Kundera. Tomás será, sin duda, nuestro leitmotiv.

sábado, 18 de abril de 2009

Breve comentario de "To have or to be?" de Erich Fromm




El libro comienza con un diagnóstico de la sociedad contemporánea desde los tiempos de la industrialización: vivimos en un mundo en el que cada uno es lo que tiene, su propiedad privada, existiendo una lucha constante entre los individuos y los grupos sociales por poseer cuanto más mejor, así como una progresiva destrucción ciega de la naturaleza. Se hace necesario experimentar nuevos caminos que nos libren de la catástrofe. Y eso es lo que propone Erich Fromm en este texto: un nuevo tipo de sociedad -esbozado en las últimas páginas- basada en lo que él denomina ser, en contraposición a la sociedad del tener. De este modo, ser y tener serán dos formas distintas tanto de comprender, sentir y actuar en el mundo individualmente, como de organizar la sociedad. ¿Qué les caracteriza?

Tener. Soy lo que tengo, mis posesiones, entendidas doblemente en sentido material y psicológico, ya que nuestras experiencias vitales pueden ser interpretadas desde el ser y desde el tener: los recuerdos, el conocimiento, las creencias, el amor. El propio yo, la imagen que tenemos de nosotros mismos -ya sea real o ficticia-, es el objeto más importante que se posee. La posesión excluye a otros poseedores que no sean yo y no me obliga a seguir dando un uso productivo a aquello que posee. Como se es lo que se tiene, se vive en un perpetuo miedo a perderlo, lo que anula el uso productivo de nuestras fuerzas.

Ser. Las condiciones previas para la vida desde el ser son la independencia, la libertad y una razón crítica. Su principal característica es la actividad en el sentido de un uso productivo de las propias fuerzas, lo que conlleva el crecimiento personal y la autorrealización. La dirección del crecimiento la determina el propio individuo, ya que él es el único capaz de dar sentido a lo que le rodea. La alegría, y no el placer momentáneo, es la consecuencia de la vida desde el ser. No se excluye la posesión, pero sí el estar atado a lo que se posee. Se trata de no ir por la vida intentando alcanzar cosas y más cosas, para agarrarnos después a ellas como si fueran nuestra salvación, sino más bien de desarrollarnos de manera activa y crecer sin miedo, sin ataduras.

¿Cómo se concretan ambas opciones en nuestras vidas? Este punto se deja ilustrar bastante bien poniendo al amor como ejemplo. ¿Cómo se vive el amor desde el tener? Limitándolo, controlándolo como a un objeto, reclamando sobre la pareja exclusividad y viviendo en un continuo miedo a la pérdida. Desde el ser, por el contrario, no existe el amor -una mera abstracción- sino el amar: se busca afirmar al otro, despertar la vida que hay en él dentro de un proceso de renovación y crecimiento, donde la energía y la libertad de ambos miembros de la pareja se multiplica.

viernes, 17 de abril de 2009

Aguas de marzo

El portugués de Brasil tiene un encanto especial, preciosa mezcla de serenidad, alegría y dulzura.

lunes, 6 de abril de 2009

Entre patatas budistas y fantasmas


Lo confieso. A menudo me siento atraído por la espiritualidad oriental. Disolverse en el ahora y alcanzar un silencio interior que posibilite una experiencia distinta de la realidad, sin miedos, sin proyecciones, sintiendo el mundo como un regalo que se manifiesta, dejándolo fluir sin violentarlo. No suena mal, pero en mi caso tiene un problema: poco a poco este tipo de pensamientos me convierten en una persona depresiva. Todo se vuelve tan ligero, la libertad es tan grande, que no hay nada que te ate a la tierra. ¿Es el objetivo de estas filosofías convertir al ser humano en una patata budista?

Cuando llego a este punto, me rebelo y me paso al bando contrario. Quiero energía, poder desear sin límites, consumirme en el fuego, saborear su calor y su alegría de vivir. Pero claro, por este camino nos convertimos en infelices perseguidores de fantasmas: se engendra el miedo de no conseguir lo que se desea, su consecución conlleva sensación de vacío existencial, la imagen que tenemos de nosotros mismos y nuestra personalidad se ven continuamente afectados por nuestros éxitos y nuestros fracasos, etc. El deseo perturba, encadena, arrastra, esclaviza bajo un peso difícil de soportar.

¿Hay alguna forma de fusionar ambas perspectivas para disfrutar de sus ventajas sin sufrir sus inconvenientes? Os propongo contemplar el deseo como un juego. Inflamar el deseo hasta reventar, hasta que el corazón se salga del pecho, y al mismo tiempo despersonalizarlo, tomárselo como un juego y no como algo serio, reírse de él en su cara, distanciarse de él. Vivir en esa grieta, en ese precipicio, en esa locura.

sábado, 4 de abril de 2009

Silencio cómodo

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... o como dice la version original de la película Pulp Fiction: "confortable silence".

- ¿Porqué sentimos que es necesario hablar de sandeces para sentirnos cómodos?
- No sé. Buena pregunta, la verdad.
- Ahí es cuando sabes que has encontrado alguien especial. Cuando eres capaz de callarte la puta boca por un minuto y tranquilamente disfrutar del silencio.

Habilidad que los alemánes practican constantemente. No hay silencios incómodos sino que, simplemente, no hay nada que decir.