Duele comprender tan bien a Tomás. El amor para él pertenecía al reino de la necesidad, al reino de lo que tiene que ser y no puede ser de otra forma, mientras que el sexo y el deseo eran meros hijos de la levedad. Tomás se olvidaba fácilmente del nombre e incluso del rostro de sus amantes; pero sin embargo sólo podía compartir el sueño con Teresa. Dormir juntos era para él la prueba del amor. Y ese puesto era de una única propietaria.
domingo, 3 de mayo de 2009
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